La letra de su nombre: H. Su mayor cualidad: ser un cínico sin remedio. Piel blanca, pelo castaño claro, igual que sus ojos, estatura baja, chaparro pues, cara de chiste, comica, picara, ni muy delgado ni tampoco para llamarlo gordo... feo no era, tampoco era un gálan, pero sí tenía un atractivo visual considerable. H era mi compañero de trabajo, de esos primeros trabajillos que obtienes en tu vida antes de llegar a lo profesional... me enamoré perdidamente de él... y lo peor, es que ni cuenta me había dado hasta que ya no lo pude ver más.
Siempre que lo soñaba, me decía que era el típico sueño erotico de temporada, pero entonces lo veía en el trabajo y su sonrisa me derretía... lo que me incomodaba, así que le daba un golpe para que se enojara y cambiara de cara... y cuando se me acercaba me conundía su aroma tan dulce, así que lo insultaba para que se alejara... a veces me llegaba a tocar en el hombro como lo hacen normalmente los hombres en señal de aprobación, y era calida su mano, así que lo empujaba... era triste saber o más bien desconocer lo que sentía por él y que la naturaleza, bendita y estúpida naturaleza, le otorgó a H la actitud tan predescible de nuestro género, así que para colmo de aguantarme sus encantos, tenía que ser el recipiente de sus confidencias, incluso de indole sexual...
No lo niego, fue exquisito escuchar como fue su experiencia cuando llegó a uno de esos negocios indecentes que los buenos machos tienden frecuentar, el imaginarme como sus nervios le aceleraban el corazón pero al mismo tiempo el flujo sanguíneo hacía la parte baja de su cuerpo causaba que mi respiración se agitará y no fue menor cuando me contaba con detalle como la mano de tan repestable dama recorría su pecho, abdomen y entrepierna de su cuerpo acostado, claro que para nada ayudó el que mencionará que la dama en cuestión decidiera utilizar después sus labios... así que le declaré las ofensas moralistas de suciedad y amoral para que se callará...
Tampoco negaré que me causo placer imaginarle nervioso ante el relato de su primera vez, de como presumía de la rapidez y firmeza con la que su cuerpo había reaccionado ante el desnudo de la primera mujer que se le había entregado y sentí ternura cuando me confesó que su desempeñó fue nada agradable, ni para él ni para ella, que esa situación le costó mucho tiempo superarla y que el destino le dio la oportunidad de enmendar aquel encuentró con la misma mujer y arremeter nuevamente contra ella con la misma firmeza y excitación de aquel momento... así que le hice burla de traumado y presumido para que no hablará...
Y como olvidar la ocasión, en que me contó que hizo suya a una mujer acompañado de otro amigo, mi cara fue realmente de sorpresa y eso fue obvio porque hasta vaciló en seguir contarme, pero eso no lo detuvo, incluso guardé silencio para que prosiguiera, para que me contará que la amiga se aprovechó de su compañia y un amigo en su casa, despues de una fiesta muy sordida, de que ella se sentó entre ambos y comenzó a besar a su amigo a la par que tocaba y masajeaba el pantalon de él, que se turnaban sus labios pero las manos de ella no se conformaban con recorrer la entrepierna de uno solamente, incluso me decía en ocasiones con cara de insatisfacción que fue incomodo ver la cara de excitación de su amigo, que le resultó muy raro ver como le desvestía su amiga, pero que el mismo valor reunido por las bebidas de la noche le facilitó hacer lo propio con su vestimenta, así que ya desnudos, se quedó quieto para que la mujer tomará la decisión en cuanto a posición, ella se inclinó hacía él, colocando sus labios en la tierna y humaea carne de su sexo, mientras que su amigo le tomó por su retaguardía y empuño su hombría dentro de ella; me contó como en el momentó exactó de la unión, amigo y amiga, pudo ver la cara de aquel conocido, en tono carmesí y obvio extasis, mientras que al mismo tiempo el aliento de ella se dispersaba en su vientre al despedir un gemido de placer, lo siguiente que me contó fue el cambio de posición, esta vez ella y él, mientras que su amigo continuaba en la retaguardía, que ninguno cedia en cuanto velocidad o deseo, para ese momento las inhibiciones ya habían quedado atrás, y que casi al mismo tiempo, ejecutaron lo que sus cuerpos les dictaba y que ante ello la mujer se retocía entre ellos, que sus senos se deslisaban de un lado a otro en el pecho de él y que aunque a veces tenía que sentir la mano o pierna de su amigo tras los arrebatos de las embestidas de sus caderas contra la desnudez de aquella femina, disfrutó mucho el encuentró... así que le dije adjetivos que se les atribuyen a personas con males psicologícos y fetichismos para que ya no siguiera...
Y fue así como me encargaba de alejarle, hasta que finalmente me pude privar de su presencia, y no le extrañé y no le soñaba, hasta que lo volví a ver, hasta que me volvio a sonreir, hasta que lo pude volver a oler y sentir su calido contacto, quise abrazarlo y besarle, pero la lógica dictaba prudencia y aún cuando quise que el tiempo se detuviera, H tuvo que continuar su camino. Pero su recuerdo, avivado por aquel momento tan corto, despertó los deseos, así que no mentiré cuando digo que el encuentro perduró y se hizo más intimó en mis sueños, que pronto nos veía en mi hogar prensados en un beso largo y apasionado, que con el mismo nerviosismo e inocencia de sus historias retiraba nuestras ropas, pero acariciaba mi cuerpo con la experiencia que le había dotado aquellos relatos, así que no dudaba en explorar con sus labios partes que no encontraría en aquellas mujeres que sus ojos lucirían extrañamente fascinados y que con gesto indeciso y sugerente, me daría la espalda e inclinaría su cuerpo un poco hacía el frente, volteando a verme sobre su hombro y transformando su gesto nervioso entre dolor y placer, exhalando asustado y al mismo tiempo satisfecho, ante la consumación de mi propio deseo, ante sentir su interior y... me golpeo de insultos para aplacar mis pensamientos, para ya no seguir, para no soñarlo, desearlo y mucho menos extrañarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario