viernes, 2 de septiembre de 2011

Sueños Despiertos

Te deslizaste, usaste todo lo que quedaba de energia, te deslizaste con fuerza, presionando bruscamente al mismo tiempo que cerrabas tus manos... y entonces desperté... maldigo tus sueños, no los que son tuyos, sino los que tratan sobre tí, porque siempre terminan en realidad y la desvergonzada poco sabe de felicidad o complacencias.

R, asi empezaba su nombre, delicioso nombre, era mi compañero de clases, el tipico joven con futuro brillante siempre envidiado por sus congeneres y admirado por sus maestros y ya ni hablemos de mi secreta tendencia a observar a detalle el contorno de su cuerpo.

Todo empezaba con su hermosa cara, un despliegue de detalles varoniles dignos de escultura griega, ojos grandes y oscuros abanicados por largas y curveas pestañas, enmarcadas tras los vidrios de unas gafas que le aportaban aire sereno y soberbio, al mismo tiempo, menton cuarteado y poblado por una barba bien cuidada y oscura, labios delgados pero llenos de color, y no olvidar un corte de cabello corto y discreto pero tan negro como los dueños de su visión.

Describir su cuello despierta fantasias de bocas engullendo pequeñas gotas de sudor placentero, describir sus hombros provoca ideas de juego, hablar de su amplia y gruesa espalda altera mis manos en deseo de cerrarse tras de ella, pensar siquiera en la forma de su pecho hace desesperar a un corazón que poco sabe de discreción y ver su torso, aunque sólo se pudiera de reojo, hace desear un sueño profundo apoyado en su constante respiración... y una vez alli, poder contemplar más de cerca el cruce de sus piernas.

Sus piernas, exquisitas extensiones llenas de fuerza y sensualidad, daban impulso al porte elegante que bien caracterizaba su andar, el contoneo inevitable, el balanceo de sus redondeados gluteos, bien entonados por unos ajustados jeans negros, era mi placer sentarme en la banca del salón y esperar con ahinco que decidieras sentarte frente mio, porque en el inevitable instante de tu descenso hacia el asiento, la figura de tu espalda baja contornearia tus ropas y dejaria ver como se separaban las dos estructuras colocadas al final de tu espalda, y el efecto de la combinación de la presión de esa mezclilla y lo corto de tus camisas, revelarian los limites de tu ropa intima, incluso en ocasiones, la forma de la entrada al final de tu espalda.

Y con la figura de tus prendas interiores, empezaba el fantaseo, la intriga del tipo preferido por tu virilidad, haciendo en cada suposición un corte de tela considerablemente significativo a aquella vestimenta, pasando por los lasrgos y holgados boxers hasta el delirio de la trusa oscura ajustada, la de modelo que se vuelve menos ancha en la parte lateral de los muslos y que sus fibras se unen y desaparecen debajo de donde se unen tus piernas, ocultando con tono tentador el más preciado de tus contornos.

Imaginaba tus movimientos, las contracciones de tus musculos y la manera que ciertos cambios de angulo dejarian ver agradables partes de esa ultima pieza del rompecabezas, imaginaba tu mirada y una sonrisa agresivamente seductora, imaginaba tus besos y la forma en que, reposado sobre mi, usabas uno de tus pulgares para arrastrar esa ultima prenda hacia el nivel de tus tobillos, y aun sin poder ver el mayor de tus secretos, imaginaba como te hacias camino por mis ropas para acercarme a tu condicion desnuda, me imaginaba tu boca, y la suave fricción contra tu piel, el placentero roze de aquello que te determina varón moviendose por la sección baja de mi vientre, y la respiración, la exhalación, mi mirada notoriamente impaciente y finalmente, el encuentro con aquella pieza tan anhelada, seguida de un encuentro aun más intimo.

Así que tu ropa intima paso al suelo, asi como la mia, y el movimiento circular de tu cadera proseguia al de continuidad de entrada y salida, tu mirada seguia en la mia y solo nos permitiamos perder esa conexion cuando los besos nos interrumpian, el aire en nuestro alrededor se hacia escaso y respirar costaba trabajo, y nuestros contornos se formaron y unificaron, la pasión fue nuestra cobija y en el ultimo de tus suspiros, te deslizaste, usaste todo lo que quedaba de energia, te deslizaste con fuerza, presionando bruscamente al mismo tiempo que cerrabas tus manos... y entonces desperté... enrojecido y sólo por tu voz gruesa.

"Voy a comprar algo a la tienda", me decias, "¿Me acompañas?"; "Sí claro...", te respondí, "...sólo esperame tantito", esperame un momentito, a que me despierte por completo de tus sueños y que mis energías me den permiso de ponerme de pie sin evidenciar nuestros encuentros.