domingo, 17 de julio de 2011

Ese, el de la oficina

El cuarto se llena de un aroma extrañamente agradable, es una combinación de perfume y sudor que hace juego con el aire. El sonido de la mañana se transforma en un canto paradisiaco, resuena a trueno melodioso y perfecto himno de nación sin conquistar ante su habla. La luz se desfragmenta y refleja en su piel, y su cabello desprende fragmentos de espejismos que hacen creer en la divinidad de la naturaleza, y su boca, ay, su boca, dulces labios perfectamente estilisados... y que no exista duda, hablo de ese, el de la oficina.

Su nombre comienza con E, asi que lo llamaremos E... porque simplemente no existe mejor camino que el de la lógica, aunque sea una indecente en momentos de justicia. E no era para nada el hombre perfecto, la introducción de este texto es más bien el reflejo de mi sentir en aquel entonces, vaya que sí tenía gustos extraños... o mejor dicho... vaya gustos tan extraños que tengo, pues verán, E era chaparro, con unas entradas y escases de pelo notables, tenía ya unos cuantos kilos de más acumulados en el estomago y que junto a su languida complexión, desproporcionaba bastante su figura, pero lo que era peor, es que E sufria de alitosis o al menos eso pensaba, pero el hecho es, le olia mal la boca.

Sin embargo, recuerdo con avidez cuando en algunas ocasiones se agachaba para cargar algo pesado como una caja o artefacto y la presion de su piel contra su pantalon dejaban ver el contorno de su ropa interior circundando sus gluteos... para nada prominentes, E era escaso en el departamento, y por cierto que contaba con una dentadura poco agraciada y a veces sus ojos se me figuraban algo saltones y nada le ayudaba las ojeras que se cargaba.

Mas cuando me tocaba en esas ocasiones en las que teníamos que cruzarnos fugazmente en uno de esos muy estrechos pasillos, rosando su pecho contra mi espalda, su pierna golpeando suavemente mi pantorrilla y hasta en ocasiones su suave entrepierna deslisandose de un extremo a otro en el final de mi retaguardia, hacia que una diminuta y muy escondida exhalación se escapara de mi, todo esto aunado a su deliciosa costumbre de tocar un lado de mi cintura en el proceso con una de sus manos... las cuales a veces estaban negras de la mugre que habia acumulado en el día y que eran pequeñas realmente y muy poco masculinas, y como olvidar el tamaño de sus orejas, eran incomodamente grandes.

Como te recuerdo E, con cada lujo de detalle, porque no tenías la belleza de Apolo, pero poseías la distinción que hace a un caballero, la fuerza que determina a un guerrero y el espiritu que realmente define a un hombre. Porque eran tus manos negras y ojeras de tu arduo trabajar, eras el primero en tomar la decisión de levantar esa pesada caja o atrevasar ese estrecho pasillo, eras de entre todos a la persona que se confiaba, te recuerdo muy bien E, fueron tus acciones lo que me enamoraron, tú sí que eras un hombre, eres un hombre y me quedaré con el recuerdo de tu roce y el contorno de tu ropa intima, porque como hombre que eras deduje siempre que gustos de hombre tendrías, que curioso y furioso fue el día en que me enteré de tu amorío con el guardia de la oficina... y solo me queda el recuerdo del contorno de tu ropa intima.

martes, 12 de julio de 2011

Y que lo guardo en el closet...

Recuerdo la primera vez en la que me interese por un hombre, más bien un escuincle, él tenía nueve años... y no se asusten, yo tenía ocho. Era en uno de esos estupidos juegos que tanto hacemos los chicos... o que más bien hacen los chicos, porque a mi por lo general ni me daban curiosidad, era un extraño ritual de bajarse los pantalones entre ellos, un acto comico y vulgar cuyo objetivo era humillar al contrincante.

El primer día sólo escuchaba sus risas alborotadas, al mismo tiempo que veía la cara roja de uno que otro infeliz; el segundo día le pregunté a un amigo a que jugaban los demás (porque debo hacer notar que quienes jugaban eran los niños desastrozos, esos, de la chusma, yo era un niño bien portado y mis amigos cercanos no eran la seriedad inmaculada pero eran muy discretos en cuanto a sus relaciones); el tercer día todos llevaban pants, obligatorio por ser día en que tocaba educación física, y por alguna razón todos los chicos se abalanzaron sobre los pantss de un chico en especifico, era moreno de piel blanca y más alto de lo normal, de complexion atletica para su edad, curiosamente su nombre no lo recordaba hasta que empecé a escribir esto, le bajaron la prenda en cuestion pero él peleo y forcejeo y los chicos hicieron lo mismo, asi que aparte de bajarle el pantsss tambien le bajaron la truza (era blanca, era blanca, jajaja, idiota).

No crean que la exhibición fue completa, el joven en cuestión sujetaba fuertemente por el frente sus prendas y corria en un intento de alejarse de sus agresores, aunque ninguno cedía y se llevaba arrastrando a uno de ellos, agarrado justamente de la parte trasera de su vestimenta y mostrando al patio escolar los dotes que la genetica le había concedido... me sonrojé, me sentí sumamente sonrojado, extremadamente sonrojado, ERA UN TOMATE!!!!, pero creo que nadie lo notó o al menos creo que a esa edad nadie tiene la malicia como para notar esas cosas o talvez todos estaban más ocupados en ver la escena que debo admitir, era muy comica, pero que en realidad yo no dejaba de observar por obvias razones. Mucho tiempo después, reconocería ese momento como el primer avistamiento de mi naturaleza homosexual.

Y vaya que hubo más avistamientos, pero es curioso pensar como un detalle tan infantil y pequeño te revela grandes aspectos de tu vida y a mi edad (que por cuestiones de vanidad y egolatria no pienso mencionar JAMAS) resulta interesante este tipo de revisiones. Sobretodo cuando no tienes que hacer en tu trabajo y estas sentado sin pensar  en nada relevante y se te acerca el compañero de oficina con el que tienes un "crush" y te pregunta "¿En que piensas?", a lo que tu decididamente le dices que "Nada", pero que en realidad le quieres decir "En que tan bien te verias con los pantalones y la truza a la altura de tus rodillas descubriendo los dotes que la genetica te concedio". Aun me pregunto ¿cuando aprendí a no sonrojarme con esos pensamientos?

Muchos de esos recuerdos han aparecido en mi vida, unos tan significativos como el de esa primera vez, otros no tanto pero aun así se fueron apilando y debido a muchas situaciones terminé en la conclusión que no debían ser compartidos en la cotidianidad, asi que uno a uno, fueron meticulosamente guardados en un closet. Se tuvieron que hacer remodelaciones a ese closet varias veces porque honestamente, la cantidad de "evidencias" ya se apolillaban y empezaban a enmohecer esquinas de la estructura principal. La primera vez que vi a un hombre desnudo, la primera vez que vi a una mujer desnuda, la primera vez que me hice la gran pregunta, la primera vez que me atreví a besar a alguien, la primera vez que dije la verdad a alguien, la primera vez que le mentí a alguien, la segunda vez que le mentí a alguien... y la tercera y cuarta y etc... todas esas cosas acumuladas en mi multifuncional closet, y aunque a veces me resulta un fastidio, tambien debo admitir que le estoy agradecido en otras cosas.

Asi que para aclarar, esto no se trata de pasarmela compadeciendo por mi vida, mi vida es excelente y no se limita a un sólo aspecto, la verdad, sólo quiero divertirme, desahogarme y si se puede y alguna divinidad me lo concede... de hacer enojar a alguien :).